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sábado, 14 de enero de 2017

A veces se ha dicho que epicúreos y estoicos rechazaban la metafísica y que por eso no debían ser considerados como pensadores importantes. En la antigüedad debe haber sido sin duda difícil ser original después de Platón y Aristóteles; que los pensadores helenísticos no fueron importantes por rechazar la metafísica, sin embargo, constituye un juicio simplista y esquemático. Hay que hacer notar que estos filósofos parten de presupuestos diferentes a los de Platón y Aristóteles, lo cual no significa que no hayan elaborado una metafísica sino que su metafísica y su concepción general de la realidad es muy diferente. 

Con mucha frecuencia, y a veces dentro de un tipo de consideración muy general y simplificadora, también se dice que detrás de las doctrinas éticas de los filósofos helenísticos no hay una especulación filosófica genuina sino sólo la expresión de una experiencia personal y de un interés especial por la resolución de los problemas prácticos inmediatos de la vida concreta. Es cierto que parte de esta tendencia puede ser constatada en más de un texto de Epicuro. Pero aunque pueda admitirse que su filosofía moral es eminentemente práctica, ello no significa que carezca de elementos teóricos importantes. Prueba de ello es la detallada elaboración del concepto de placer (y su tesis de que el mayor placer se produce cuando el dolor ha sido eliminado), el valor instrumental que otorga a la virtud, su tesis de la justicia como un pacto convencional entre los hombres y no como algo existente por sí, las pasiones como criterios de verdad, etc. 

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Esto muestra que Epicuro no recibe pasivamente las cuestiones filosóficas que habían sido motivo de una viva discusión en la filosofía precedente sino que hace una evaluación crítica de ellas y las adapta a su ontología. La mayor parte de los temas clásicos de la ética griega tratados por Platón y Aristóteles (la felicidad, la virtud, las pasiones, el fin, los bienes, lo moralmente correcto, etc.), reaparecen en Epicuro, aunque analizados bajo el prisma de una teoría de la realidad fuertemente corporeísta. 

Epicuro se declara en contra de algunos postulados básicos del platonismo pues para él hay una única realidad: la sensible. El único conocimiento seguro es el que brindan los sentidos. Los criterios de verdad son las sensaciones, las preconcepciones y las pasiones. Incluso el razonamiento depende de las sensaciones. El intento de fundamentar el mundo sensible a partir de realidades inteligibles es absolutamente rechazado. Este, como se ve, constituye un cambio fuerte en la ontología que va a incidir de manera directa en las doctrinas éticas de Epicuro. El bien no es algo en sí, no es algo trascendente sino inmanente, ya que se encuentra en el placer.
Fragmento

este contenido ha sido tomado como una apuesta de lectura en factores comunes, todos los derechos de autor se reservan y se presentan en los contenidos del libro, también les recomendamos leer los siguientes títulos relacionados:


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